Autores: Adrian I. Cozma, Alberti, Alexandra L. Jenkins, Amanda J. Carleton, American Diabetes Bantle, Anderson, Arash Mirrahimi, Ardern, Bantle, Becker, Begg, Blayo, Bomback, Canadian Diabetes Association Clinical Practice Guidelines Expert Committee, Choi, Choi, Crapo, Crapo, Cyril W. C. Kendall, D. David Wang, David J. A. Jenkins, Denzer, Egger, Elbourne, Ford, Furukawa, Förster, Gao, Grigoresco, Hallfrisch, Heyland, Huttunen, John L. Sievenpiper, Johnson, Johnson, Joseph Beyene, Jüni, Kneepkens, Koh, Lathyris, Laura Chiavaroli, Lawrence A. Leiter, Livesey, Lê, Madero, Mann, Marco Di Buono, Marriott, Matthew E. Yu, Miller, Moher, Moher, Nakagawa, Ngo Sock, Osei, Osei, Perez-Pozo, Pillinger, Reiser, Russell J. de Souza, Sievenpiper, Stirpe, Sumino, Sun, Thomas M. S. Wolever, Vanessa Ha, Zhu
Un metaanálisis de 21 ensayos controlados (425 participantes) reveló que la sustitución isocalórica de fructosa por otros carbohidratos no afectó el ácido úrico [DM = 0,56 μmol/L (IC del 95 %: −6,62; 7,74)]. La suplementación hipercalórica de fructosa a dosis de 213-219 g/día (+35 % de exceso de energía) elevó significativamente el ácido úrico [DM = 31,0 mmol/L (IC del 95 %: 15,4; 46,5)] en participantes no diabéticos. Estos hallazgos sugieren que los alimentos ricos en fructosa son aceptables cuando se consumen como parte de una dieta equilibrada en calorías, pero se debe limitar el consumo excesivo de fructosa que aumenta la ingesta calórica total.