Autores: A Jemal, A Pourshams, A Pourshams, A Yokoyama, AC de Vries, AF Malekshah, C C Abnet, CC Abnet, CC Abnet, CC Abnet, CY He, D Nasrollahzadeh, D Nasrollahzadeh, D Nasrollahzadeh, DA Owen, E Mahboubi, EM Bik, F Islami, F Islami, F Kamangar, F Kamangar, F Saidi, F Viani, G Millonig, GY Lauwers, J Nair, JH Meurman, JH Meurman, JS Ren, K Aghcheli, K Iijima, M Sotoudeh, M Venerito, MA Adamu, MB Cook, P Boffetta, R Malekzadeh, R Shakeri, S M Dawsey, S Merat, S Semnani, SC Abraham, W Ye, W Ye
Publicado: 1 de enero de 2012
En este estudio de casos y controles, que incluyó 293 casos de carcinoma de células escamosas del esófago (CCE) y 524 sujetos de control seleccionados de una región de alto riesgo, la atrofia gástrica (PGI <55 μg/dL) duplicó el riesgo de CCE (OR = 2,01; IC del 95 %: 1,18–3,45). Al combinarse con una mala salud dental, el riesgo aumentó a OR = 4,15 (IC del 95 %: 2,04–8,42) y, al combinarse con una higiene bucal deficiente, el riesgo alcanzó un valor de OR = 8,65 (IC del 95 %: 3,65–20,46). Ambas interacciones mostraron efectos aditivos estadísticamente significativos (RERI = 1,47 y RERI = 4,34, respectivamente), lo que indica que la atrofia gástrica combinada con los factores de riesgo orales crea un aumento considerable del riesgo de cáncer esofágico, por lo que se justifica una vigilancia para detectar los síntomas precoces.